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Fin de temporada futbolística: postergan el anuncio de algo que ya ha sucedido

La temporada del fútbol argentino ha terminado. Los torneos que estaban en marcha no se seguirán jugando, los que iban a comenzar no lo hacen y, los que se pensaban hacer, están cada vez más lejanos.

Esto no es una primicia, porque está claro que oficialmente no se ha dicho. Pero ya roza lo ridículo decir otra cosa, porque política o socialmente conviene.

En el terreno de las versiones, donde lamentablemente nos seguimos moviendo para tener novedades, aseguran que entre el martes y el miércoles de la semana entrante eso ocurriría, pero ya la pelota dejó de rodar y así permanecerá por mucho tiempo.

Lo que queda por resolver, como en un divorcio, es qué se llevan cada una de las partes involucradas. En este caso lo único que hay para repartir son angustias, deudas e incertidumbre, porque las cajas están vacías, los ingresos desaparecieron o van desapareciendo, especialmente en las divisiones de ascenso y mucho más en las ligas provinciales.

Uno, como medio periodístico, a diario está sobre el tema, y lo saben muy bien dirigentes que ya ni quieren atendernos, tal vez porque estén cansados de hacerlo, pero más que todo porque no saben qué comunicar…

En realidad lo saben y es que la temporada futbolística bajó el telón. Y creen que pasando de cuarto intermedio en cuarto intermedio va a ser mejor, donde el desgaste llevaría al olvido.

Puede ser que eso ocurra en la afición futbolera y que nosotros también tomemos otros caminos informativos. Pero está claro que los que viven actualmente o de hace mucho tiempo del fútbol, esos no se van a olvidar.

Y nos parece que ahí está el sentido de la dilatación de un anuncio que sea el martes, el miércoles o cuando se decidan hacerlo, lo van a tener que realizar, porque insistimos que es algo que ya se dio.

Vale agregar que en esa infinidad de llamados, que los hacemos tanto nosotros como los están haciendo colegas de todo el país, con sus referentes regionales, la respuesta recibida es la de «seguir esperando». Pero detrás de ella está el lamento por el parate, los compromisos económicos que ya no se pagan y que pasan desde los servicios que un club tiene hasta lo más delicado: el salario de los que trabajan para las instituciones.

Ya no hay club que no le esté debiendo a sus jugadores y no tienen ni idea de dónde podrán sacar dinero para pagar contratos.

No será la primera vez que un club contrae deuda con un futbolista y que todo termina en una causa judicial o un mal arreglo logrado mucho tiempo después, dándole la razón al contratado. Pero en este caso, de ambos lados hay argumentos válidos para explicar lo que se vive: el jugador quiere cobrar, porque es su único ingreso para vivir y/o mantener a su familia, y el dirigente no le paga, porque los recursos con los que contaba para ello (recaudación de partidos, sponsors o apoyo oficial) desaparecieron.

¿Cómo van hacer? Algunos, como «espalda» podrían llegar a un recorte salarial (pasó en muchas ligas del mundo) pero los que no pueden, ya que los salarios son discretos y se encuentran con que en el club que los convocó a jugar no hay «un peso», el panorama se torna dramático.

De una u otra forma la noticia la van a tener que dar, y es que van a pasar varios meses más, sin que el futbol vuelva y, cuando eso se de, entendemos que la reapertura será muy diferente a lo que se tenía antes de este cierre, que lleva más de un mes con persianas bajas, y una estructura que se viene encima.

Fuente: Diario La Reforma

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